jueves, 30 de julio de 2026

Palabras contra el incendio


Ante el incendio del sistema central este verano del 2026 comenzamos una manifestación virtual llamada #palabrascontraelfuego , este es el escrito de la psicóloga, artesana y artivista Elena García Acosta

 ¿Dónde comenzó el fuego?


¿Fue acaso la chispa de una máquina o el éxodo rural? ¿Fue el sol del verano o el capitalismo extractivista? ¿Fue el pirómano o el individualismo extremo que nos enferma? ¿Fueron los intereses económicos de una empresa o la desconexión internalizada de la naturaleza?


 Arde la llama en mi interior. Nos quemamos de angustia e importencia ante esta muerte anunciada que, cada año, se repite.


Y nos organizamos, pero nos ignoran; nos adentramos en el bosque, pero nos echan. Todo ello bajo la hipocresía de <<proteger>> el monte mientras se impide la vida en él. Se burocratiza la forma de vida heredada de nuestros ancestros hasta hacer imposible la existencia en el campo y, con cada generación se pierde el conocimiento del buen vivir. Perdemos así no sólo el bosque sino la posibilidad de ser realmente humanos: animales sociales, dotados de libre albedrío y capaces de reconocernos como parte de la Tierra, admirarla y cuidarla.

 

Relegadas estas capacidades a una supuesta administración de oficina gris, en alguna ciudad a muchísimos kilómetros de las llamas. ¿Empezó el fuego en la dejadez de burócratas? ¿ En su total incomprensión y desconexión de la naturaleza? ¿ En sus trámites del corto plazo y ganancia personal?


Y cuando el pueblo se levanta asedian la autogestión y la cooperación, porque saben que pondría fin a sus privilegios. Los mismos que, aunque lo ignoren, no se sostendrían si el monte se acaba.


 Los pueblos quedan abandonados o convertidos en meros escaparates turísticos, mientras se encarece la vida. ¿Adónde nos vamos ya? Nos echan de ciudades y pueblos. Nos quieren sumisos, discretos.


El fuego no empieza en la hoguera de un campista. Empieza en la hoguera de la voracidad de dinero. En la hoguera que nunca enseñamos a hacer a nuestros hijos.


En la creencia inculcada de que no somos parte de la naturaleza, que hay que domesticarla, que está mal. La ignorancia de que Tierra es nuestro hogar y de que nos cuida incondicionalmente y con abundancia.


 A pesar de todo, el mundo no estaría mejor sin nosotros. Sacarnos esta mentira nos acerca al mundo que queremos ver.


Somos naturaleza. Somos sus guardianas. Hemos venido al mundo a admirarla, no a domesticarla. A contribuir a la vida, no a acumular ni hacer dinero.


¡Qué arda en este fuego todo lo que no es ésta esencia! ¡Que arda el modelo de monocultivo de pinos y eucaliptos que nunca debió ser! Que ardan de pasión los corazones de los habitantes del Valle del Tiétar y Madrid, para cantar y vitorear por nuestros bosques, en vez de por millonarios jugando al futbol. Quiero escuchar a todos esos que gritaban <<Viva España>> defender ese territorio. Defenderlo de la inconsciencia, la impunidad política y de la falta de coherencia y cooperación.


Y si este desastre, este fuego incontrolado, nos sirve para iluminar todos estos ámbitos, quizás habrá merecido la pena.


Elena Raices Colgantes

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