
El castillo encantado está dentro del laberinto boscoso de las inmediaciones de Gendron. Grandes telarañas cuelgan de las lámparas del otrora
salón de baile. Los balcones distribuyen la luz que a través de los cristales
traslúcidos riegan de luces y sombras un castillo casi olvidado.
La providencia ha querido dar cita en este lugar la lucha arquetípica de las luz
y las tinieblas, los magos de la luz se dan cita en el vestíbulo y cuando están
todos, comienzan a caminar, empuñando sus báculos.
Al otro lado, desde el torreón más lúgubre y alto un espíritu maligno
suspira de satisfacción. Es solstício de verano. La suerte, está echada. Desde
el casco de una armadura medieval surge un viento oscuro que se desliza por los
pasillos. Al pie del torreón, en la antigua cocina, se dan cita los magos de
las tinieblas. Sombreros de pico, báculos retorcidos, vestiduras negras,
pálidas muecas inertes... hasta que
llega el espíritu oscuro, y una voz ronca y opaca, les inspira a avanzar.
Los dos ejércitos avanzan frente a frente, y entonces, se atisban, desde las galerías
del jardín interior en cuyo centro sobrevive un viejo roble. El señor oscuro da
una orden y una voz unánime responde desde el corazón de los magos blancos. Por
todas mis relaciones! Una nube de chispas surca el cielo, bolas de fuego,
globos de luz negra, estrellas rutilantes, lobos espectrales, búhos dorados...
todo ello se cruza en el cielo y los opuestos se anulan al chocar. Los hechizos
queman el firmamento se rebotan, estallan e invocan seres mitológicos que se
pelean... de las filas oscuras surgen dragones azules, verdes y rojos, que
escupen hielo, ácido y fuego y desde las filas de la luz, surgen dragones
plateados, dorados y blancos, que responden con rayos de luna, de sol y de
tormenta, respectivamente... el castillo tiembla, los hechizos ennegrecen todavia
más las piedras y finalmente después de un tenso equilíbrio la luz retrocede...
y en un intento desesperado por salvarse, los magos blancos tejen una pared
defensiva que divide el jardín en dos. Entonces los seres de la tiniebla cargan
y lo empujan, acorralando a los magos blancos, que lentamente son arrinconados.
Sudan, gritan gimen y las paredes se
cierran sobre ellos, como una tenaza que los aplasta, de uno en uno, y se van
desvaneciendo, solo uno resiste a todo el ejército oscuro, y sus vestiduras
blancas se van tornando rojas, como un sol que se va escondiendo tras las
montañas, durante un tiempo que parece eterno, pero finalmente sucumbe. Y reina el más completo silencio.
Las sombras inundan el castillo y el tiempo parece
suspenderse, pero al final, llega el alba y entonces, dos estatuas de duro acero. Cobran vida.
Son las estatuas de Sartre y Simon de Beauvoir, que comienzan a luchar, a dar
patadas a las sombras, que vuelan como guiñapos de un lado para el otro.
Los encapuchados acuden como los buitres a la carne y una nube de hechizos
surge de sus báculos, pero es en vano. El acero transmite la energía y la hace
rebotar como un espejo y reconduce los conjuros hasta las capas negras, que se
chamuscan hasta formar cenizas.
Las pesadas estatuas se mueven ágiles, a veces como monos, saltando por las
paredes, otras como felinos, acechando por los corredores y el espíritu oscuro no
da la cara... el miedo grita y se esconde en la armadura medieval, en el
torreón más alto.
Entonces, comienza a limpiarse todo el castillo y la luz la luz lo anega.
Hechizos de limpieza lustran los cristales y las mesas. Las galerías cobran
vida y aparecen y se mueven las escobas, los trapos, las bayetas.
Sartre y Simon de Beauvoir desaparecen, apareciendo en su lugar um abuelo com ojos
de niño y una abuela de aire infantil. Condensan todas las edades y ríen,
trotando de la mano, por el castillo. Seis meses después, en el solstício de
invierno, siguiendo un viento gélido descubren una puerta secreta en la
librería. El libro que abre la puerta pasa de una mano a la otra mano para ser
examinado. El Kibalión. La pareja sube la escalera de caracola, llegan hasta el
laboratório alquímico de la cúspide y ven la negra armadura, acechando desde la
sombra.
Ella, dada la vuelta examina un viejo caldero. La armadura enarbola una oxidada
alabarda y entonces, el viejo ríe dándole un golpe al yelmo y la armadura entera, se desmorona. El viejo
espíritu oscuro, desaparece reptando, entre las sombras.
La pareja de niños ancianos toma el castillo, ofrece trabajo
y la gente, desilusionada de la esclavitud moderna, acude en masa. Pleno de vida, el castillo
resplandece. Se abre uma galería de arte, se dan cita los artistas y se hacen
recitales y conciertos, aulas de yoga, meditaciones, clases de música y
artesanía... El castillo se organiza en asambleas y un buen dia, se inaugura un
magnífico restaurante vegetariano. Llega
un momento, cuando todo está funcionando, que los dos ancianos desaparecen y en
su lugar, en médio del jardín interior, rodeados de flores y bajo un viejo
roble, aparecen de la mano dos estatuas de acero que ostentan una placa que
reza:
Cada uno es
responsable, por sus actos.