Soñaba el ermitaño
un sueño extraño
Estaba dentro de un gran árbol
pero lo estaban talando
Era "El Arbuelo"
sus ramas tocaban las estrellas
y aquellas raíces conectaban con los cauces
subterráneos
Todo el bosque
Era la mata de su pelo
y protegía el gran cerebro
de la
microrriza.
Su corazón de lava
Creaba islas, continentes
Singularidades geográficas
Hasta los confines de la Tierra
Lentamente
Abrió sus ojos celestes aquel ermitaño
Oteó el horizonte
Y se dirigió a Galicia
Marcando el ritmo con su báculo
canturreando las melodías
que le inspiraba la Tierra
En Galicia, una empresa llamada Altri debía
hacer una gran fábrica de papel.
contaminar ríos y rías
vender productos a Inditex
Y aquel ermitaño sonreía
a los paisanos saludaba
dormía en los pajares
y comía plantas salvajes
Llegó hasta Palas del Rey. Hasta un descampado
donde muchos niños grandes jugaban con buldozers. Esperó con paciencia y fue a
hablarles.
¿Qué os pasa? ¿Por qué matáis a vuestra madre?
¿No os dan de comer el Ulla y la ría? ¿Y estos bosques de robles, no os dieron
calor en el invierno sombra en el verano y con sus maderas hicísteis las vigas
que sostienen vuestras casas?
Pero hombre, nosotros no tenemos la culpa,
solo trabajamos para poder llevar comida a casa. La culpa es de los políticos.
Eso decís, pero vosotros sois responsables. No
queréis crecer porque os hicieron adultos a base de deberes y clases. Os
entiendo. Pero moriréis aún mucho más si matáis a vuestra verde madre.
Luego fue a hablar con el alcalde.
Era un hombre ocupado. No tenía tiempo para
hablar con un pobre ermitaño.
Este se quedó en la puerta de su despacho
Con una sonrisa bailando en los labios
Volvió a su árbol imaginario
Tocó las estrellas
Y las estrellas lloraron
Y lloró el ermitaño
Y llegó el alcalde y le vió en su puerta
Con los ojos cerrados
veía las fuentes del Ulla
y sus cejas eran los puentes
desde donde pescan los peces
Y donde se besan tiernas parejas florecientes
Y el alcalde por primera vez
Se quedó sin palabras.
Quiso echarle
Pero sólo atinó a tocarle en el hombro
Y de pronto le alcanzó el brillo de un azul
salvaje
Le miró con la paz del cielo
Y “su excelencia” quiso zafarse
avisar a los de seguridad
Pero sin palabras
Mudo.
Salió del ayuntamiento
vagó sin rumbo
Sin querer reconocerlo
esperando que se le pasase
Llegó al bosque y llovía
Y el fango le robó sus zapatos
Y descalzo y empapado
Llegó a una cueva
Gritó enfadado
Golpeó las paredes
Y de pronto. Silencio
Se acordó de su Madre.
Y él en el Ulla. Bañándose.
Ahora lloraba en silencio.
Y el silencio acabó
Por cambiarle.
greenpeace /noticias: no al gigantesco monstruo-de-celulosa-que-amenaza el corazón de Galicia
Luis Carmona Horta. Nataraj Noche Entonada
15/6/2024